compendio de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y en un momento determinado que influye en la vida material y psicológica del hombre.


Aforismo

 : Un aforismo es una declaración concisa o el refrán popular que expresa
un principio o la verdad en una manera concisa y pensativa. 
Los aforismos pueden incluir algo de humor o basarse
en alguna declaración anterior y particularmente conocida.

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"Sentencias", "máximas", "dichos", "adagios", "preceptos", "reglas", "axiomas", "fragmentos", "epigramas", "oráculos", "aforismos", diversos nombres para un género minoritario y difícil, pero con una larga historia desde los tiempos de Hipócrates.

El aforismo es una forma filosófica, pero también un juego de palabras y un arte poético, la expresión rotunda, breve y relativamente autónoma de una risa perfectamente seria, de una mueca del espíritu sinceramente trágica, como la de un loco que da en el clavo, como la de un prudente que reconoce al idiota que habita en él.

El mejor de los aforismos es una herida abierta en la piel del discurso, una fisura perpetrada en la lógica por la que vislumbrambos la extrema complejidad del mundo, la identidad de los opuestos..., o que todas las cosas valen un poco por lo mismo, una mismidad tan propia como extraña; una raja por donde se nos revela el rostro enigmático de la verdad que las rutinas del lenguaje disfrazan y enmascaran.

En el aforismo, el sentido de las palabras rebosa como buscando trascender el corsé que les ciñe la propia semántica del lenguaje. Es la "impropiedad" de la ironía, la feroz crueldad del sarcasmo, la perplejidad de la paradoja o la jocundia amable de la conformidad con el destino. Todas estas cosas constituyen la sal y la pimienta con que se adoba de ingenio la enjundia filosófica: el aforismo tiende su rutilante arco iris desde la lógica a lo insondable, o desde el abismo a la lógica, en esa tensión entre el nihilismo y el dogmatismo en que se ha construido siempre la filosofía como una invitación al humor y a la aventura. 

Lo que parece una broma es, en realidad, el enunciado de un problema. Para quienes se animen a practicar con el género, Lichtenberg aconseja: "Si lo poquito que dices no tiene en sí nada extraño, dilo al menos un poquito extrañamente"

El aforismo suele ir desde la ocurrencia jovial y ligera, como ese instinto de la fluidez verbal que es el ingenio, a la fórmula lapidaria que adopta la iracundia cínica y la facundia profética... Entonces vemos a Nietzsche --como dice Machado-- sacándose las tripas de curita castigado por la sífilis, alucinado por el opio, y apedreando con sus entrañas al prójimo, eso sí, con talento y malicia de verdadero psicólogo y con la unción de todos los grandes sofistas para halagar y engreír al lector, ¡ese patético superhombre!

El que escribe aforismos corre el riesgo de que, como las brillantes paradojas de Oscar Wilde, sus frases acaben haciéndose famosas, esto es, notoriamente miserables. Acabarán tal vez dando que pensar, o sea, servirán para "pesar posibilidades en la balanza del deseo" y para que el pensar abandone inocuamente su rutina (ese preservativo de la locura). Ciorán definió bien a los grandes aforistas que como Pascal "dan la impresión de ser reporteros de la eternidad" mientras dejan caer el vitriolo de sus ocurrencias sobre los errores del tiempo.

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